Algunas películas de Steven Spielberg


La primera película que recuerdo haber visto en una sala de cine fue la de un tipo escapando de una gran roca rodante. Me demoré varios años en saber que se trataba de Indiana Jones. Eran otros tiempos: sin Web, ni emails, ni Beta, ni VHS (estos dos últimos sí existían; pero, en la época de la que hablo, tener una videograbadora era todavía un lujo para muchas familias) y... en esta época: «los ochentas» fueron, sobre todo, los tiempos del «sin spoilers».

¡Whaaaat!

Sí, así como lees, en caso de que no seas ochentero, la experiencia de llegar a una sala de cine era toda una maravillosa sorpresa desde el primer momento.

En los noventas publiqué una serie de notas, en Geocities, sobre las películas de Steven Spielberg, un director estadounidense muy popular, cuyas películas devoré cuando era niño. ¿No sabes qué es Geocities? Sólo te diré fue hace tanto... tanto tiempo... que ni siquiera existía Youtube.

Estas notas también las publiqué en otro blog, pero aquí las rescato y reúno para que conozcas algunas curiosidades y reflexiones que escribí (hace ya un buen rato) sobre el cine de Steven Spielberg.




ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO


El concepto de «tecnomito» básicamente sostiene que hemos perdido los mitos antiguos (Orfeo y Eurídice, Perseo y Medusa, Bochica y Bachue) y los hemos reemplazado por otros más... modernos, más... "creíbles". Hay más de una docena catalogados: uno es que hay un alienígena vivo en un hangar de la base aérea de Wright-Patterson; otro es que las líneas de Nazca, en Perú, son las pistas de un aeropuerto para naves espaciales; o que en Estambúl existe un dibujo del siglo X que representa la Tierra vista desde el espacio.

Sea un tecnomito o no, la idea de que puedan existir seres extraterrestres entre nosotros y platillos voladores que nos visitan fascinan a todo el mundo, incluyendo, al director de cine: Steven Spielberg. En 1977, estrena su película Encuentros cercanos del tercer tipo con Richard Dreyfuss como Roy Neary (un común y corriente electricista de Muncie, Indiana, que se topa "cara a cara" con una nave espacial) y Francois Truffaut como Claude Lacombe (un ufólogo francés). Los Encuentros cercanos  o Close Encounters son normas para catalogar en qué circunstancias fueron los contactos humanos con los extraterrestres; es decir, un Encuentro Cercano del Primer Tipo o CE1 acontece cuando ves luces extrañas en el cielo; un CE2 es cuando ves la nave frente a tus narices; un CE3, es cuando los hombrecitos verdes se te presentan y te dicen: "¡Qué hubo, hermano, cómo te trata la vida!"; y un CE4, es cuando los hombrecitos verdes te dicen: "¡Arriba las manos que vamos a dar un paseíto!" El CE3 de la película de Spielberg comienza con una serie de extraños sucesos acontecidos en diferentes partes del mundo: melodías y luces que iluminan el cielo nocturno de los mejicanos; las apariciones en el desierto de Sonora de aviones desaparecidos en 1945 y de un descomunal barco en pleno desierto de Gobi y; sobre todo, el encuentro de Roy con una nave espacial tan iluminada que se parece una ciudad de "Las Vegas voladora" y tan estrafalaria como una instalación petrolífera en el Atlántico. Desde este momento, la vida de Roy Neary cambia: lo botan como a un perro sarnoso del trabajo por sus comentarios disparatados; su familia lo abandona al creerlo chiflado y se obsesiona, sin saber porqué, esculpiendo montañitas con crema de afeitar, puré de papa o barro. Por otra parte, Lacombe, por fin, logra descifrar qué significan las extrañas y pegajosas melodías de John Willians: el sitio exacto donde se realizará el contacto, una montaña llamada Devil's Tower (en Wyoming, E.U.), la montañita que tanto obsesionaba y afiebraba a Roy.

La fiebre de los ovnis comienza en 1947, cuando una humanidad aterrorizada por la maldad de su propia naturaleza y estigmatizada por los recuerdos del holocausto judío y la destrucción de Hiroshima y Nagazaki, escucha boquiabierta las declaraciones y confirmaciones del Gobierno del los Estados Unidos de América sobre la caída de un platillo volador de origen extraterrestre en Roswell, Nuevo México. No eran las declaraciones de "cualquier lagaña de mico o de cualquier loco de manicomio", eran las declaraciones de los voceros del Gobierno Norteamericano. No obstante, días después se retractan y afirman que lo que cayó en Nuevo México no fue un platillo volador, sino un globo meteorológico. Ese repentino cambio de declaraciones, ocasionó la desconfianza del pueblo norteamericano en su Gobierno y la paranoia de una posible conspiración de proporciones galácticas cuyo epicentro es el Área 51.

A partir de este momento, se inicia una desmesurada epidemia de supuestos avistamientos, reforzadas abducciones y pintorescos cultos a los ovnis. Y, como epidemia, muchos han muerto por sus arraigadas y poco objetivas convicciones extraterrestres: recordemos el suicidio colectivo en 1997 de la secta Heaven's Gate quienes, al creer que los ocupantes de una nave espacial oculta detrás del cometa Hale-Bopp los esperaban con los brazos abiertos, empacan maletas y se matan sin buscar otras opciones más seguras y menos complicadas para la "supuesta" tecnología de nuestros «Hermanos Mayores Interestelares»: teletransportación al estilo Star Trek, por ejemplo. De todas formas, lo cierto es que el FENÓMENO OVNI es un extraño fenómeno que se basa, a mi parecer, en una enredada e ingenua combinación entre el avance de la ciencia que demuestra que no estamos solos en el universo y la búsqueda de un hogar «más humano» que la propia humanidad.



E. T. EL EXTRATERRESTRE


Uno de los cientos de millones de niños y adultos que le han escrito a E.T. o a su creador, Steven Spielberg, le contó a éste que cuando era pequeño se sentaba ante un árbol que sólo le dejaba ver una estrella a través de sus ramas. Hacía fuerza entonces para que un milagro sucediera y un habitante de ese astro lejano bajara a visitarlo para hacerle compañía. Y termina diciendo: "He crecido guardando esos sueños de niño ocultos y escondidos. E.T. encontró esa fantasía. Usted le hizo justicia al sueño de un niño. ¡Gracias, Steven Spielberg!

Steven, hijo de un ingeniero de la General Electric y una pianista, creció en un suburbio de clase media en Phoenix. Desde muy temprano mostró indicios de empresario. A los 12, inauguró un teatro de cine en la sala de su casa y puso a trabajar a toda su familia. A los 16, le pidió prestado a su padre U$400 e hizo su primer largometraje Firelight [1963], una película de 140 minutos que trataba sobre extraterrestres que llegan a la Tierra, arrancan una ciudad y se la llevan a su planeta. Spielberg convenció al aeropuerto para que cerrara una pista para una escena y; a un hospital, abrir la sala de emergencias para otra. Al final, la proyecta en un teatro, gana U$500 y su padre, por fin, da un respiro de alivio al ver que su plata no se perdió.

Desde el comienzo de su carrera, la buena fortuna le sonríe, realiza películas taquilleras y en 1982, una de las películas que se mantuvo por muchos años en la cima del BoxOffice, E.T. The Extraterrestrial, la cual recaudó U$ 700 millones a nivel mundial. Aquí, Spielberg tomó ventaja en la curva, financieramente hablando. Adicionó una nueva cláusula en el contrato: él podría obtener los beneficios del videotape y controlar su estreno. "Supuse que el vídeo iba a ser muy importante en el mercado secundario y, en muchos casos, el mercado principal en el cine", dijo. Cuando finalmente se estrenó la película para vídeo en 1988, Forbes estimó que ganó cerca de U$70 millones.

La idea de E.T. no nació de la noche a la mañana. Le dio vueltas en la efervescente cabeza de Spielberg durante varios años, pero se volvió más concreta cuando durante la filmación de Close Encounters, Francois Truffaut, director francés que actuó en ella, le dijo: "Eres maravilloso con los niños, tienes que hacer una película con ellos".

Steven le encargó al genial creador italiano Carlo Rombaldi que le hiciera una criatura extraterrestre para contar la historia que lo acosaba desde hace varios años y; así, en septiembre de 1981, le presentó un primer ejemplar de E.T. de 70 centímetros que necesitaba de doce operadores para inyectarle aire a través de tubos y que movía la aplanada cabezota en varias direcciones sobre un cuello delgado. El segundo, de la misma estatura, tenía 85 movimientos y gestos operados electrónicamente; sin embargo, toda la magia de la electrónica no logró hacer caminar a E.T., de tal modo, que usando viejas tretas de teatro, Rombaldi, metió en la plástica y arrugada piel de E.T., para diferentes tomas, a un hombre pequeño de 92 cms., a una mujer aún más pequeña de 83 cms., y a un niño sin piernas que logrará el típico caminado de E.T.

E.T. es una visión optimista y encantadora de los seres extraterrestres para los aficionados al fenómeno ovni, no es el ser que nos quiere esclavizar o destruir; sino el ser que quiere tener, al menos, un amigo en algún rincón del universo.



VOLVER AL FUTURO [ I - II - III ]


Robert Zemeckis ingresó a la USC y, en 1973, junto con su incondicional y escritor amigo de aventuras y desventuras, Bob Gale, ganó un premio estudiantil por el corto Field of Honor. Esta película atrajo tanto la atención del director John Millius como de Steven Spielberg. Así Zemeckis junto con Gale escribieron 1941, guión de una película sobre la Segunda Guerra Mundial que el mismo Spielberg se encargó de dirigir y que lastimosamente fue un rotundo fracaso en la taquilla. De todas formas, Spielberg no se amedrentó y siguió apoyando al muchacho.

Primero aparecieron I wanna hold your hand en 1978 y Used Cars en 1980, largometrajes producidos por Spielberg y dirigidos por Zemeckis. Ambos fracasos de taquilla. Aquí comenzó las penurias y sinsabores para Robert Zemeckis. Después de Used Cars, escribió junto con Gale el guión sobre la historia de un muchacho de Hill Valley que viaja en el tiempo en un auto Delorean; pero, ante la reputación de mala suerte ganada por Zemeckis en la industria de Hollywood, el guión fue rechazado por más de uno. Nadie quería desembolsillar un céntimo por la producción de una película que, a pesar de que tenía las cualidades para convertirse en un éxito de taquilla, tenía como creador a un hombre estigmatizado por la mala suerte. Sólo Spielberg mostró interés en el guión, sin embargo Zemeckis comprendía que si Spielberg lo ayudaba a conseguir el dinero para realizarla y la película fracasaba a pesar del toque de Midas de Spielberg, Zemeckis tendría que renunciar definitivamente al cine. Su mala suerte estaría más que confirmada y quién en su sano juicio lo volvería a patrocinar.

Lo cierto es que, por más de 3 años, estuvo sin dirigir hasta que apareció Michael Douglas con un guión sobre la historia de un par de bribones tras la búsqueda de una esmeralda en Colombia. Así surgió en 1984, Romancing the stone con la dirección de un estusiasmado Robert Zemeckis por continuar en el ruedo y bajo el amparo de un Michael Douglas que se fijó más en la factura y energía de las anteriores películas de Zemeckis que en su taquillaje. Romancing the stone fue la película más taquillera de 1984 y fue nominada a varios Golden Globes.

Después del triunfo de Romancing the stone, todos los que antes rechazaron el guión sobre el muchacho que viaja en el tiempo querían ahora producirla. Así que Zemeckis le ofreció la producción al único hombre que había mostrado interés en el guión desde el comienzo: Steven Spielberg. De esta forma, Back to the Future pudo estrenarse en 1985 y arrasó con la taquilla, ganando U$ 350 millones a nivel mundial. Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Tom Wilson y Lea Thompson dieron vida a esa historia sobre viajeros en el tiempo. Luego vendrían Back to the Future 2 y Back to the Future 3 estrenadas en 1989 y 1990, respectivamente. Al comienzo, la secuela de Back to the Future sería sólo una y se desarrollaría en el Hill Valley de 2015 y en el Hill Valley de los tiempos del salvaje oeste americano. Sin embargo, Sidney Jay Sheinberg de Universal pegó el grito en el cielo cuando le informaron sobre el exorbitante presupuesto que se necesitaba para realizarla y se negó rotundamente a ser el responsable en la realización de la película más costosa en la historia de la humanidad. No quería arriesgarse. Así que Bob Gale sugirió ante una junta de la Universal:

─Entonces... dividamos el guión por la mitad y hagamos dos películas.

Todos en la junta se quedaron callados.

─O es la idea más brillante o la más loca ─declaró al final Sid, aceptando de buena gana la producción de las secuelas de Back to the Future.

Ambas películas fueron éxitos taquilleros.

A veces quién no desearía regresar en el tiempo para remediar algo que hizo mal, tal vez el resultado hubiese sido más favorable y las consecuencias menos problemáticas o... quizá a quién no le gustaría estirar el tiempo y hacer algo más con su vida que trabajar para una empresa que no lo valora. A veces se toman decisiones y lastimosamente no todas son las correctas. ¡Si tan sólo uno tuviera el Delorean del Doctor Brown para ir al pasado y cambiar una decisión mala por la correcta, haríamos las cosas mejor: ganaríamos el examen que dejamos para estudiar al final o no la embarraríamos con el ser a quien tanto amamos o dejaríamos de decir algo que nos causó más de un disgusto! Pero... como tal artilugio sólo existe en los Universal Studios de la Florida y no viaja en el tiempo, sólo nos queda desear que las decisiones que tomemos con tanto discernimiento y análisis sean las correctas.



PARQUE JURÁSICO


Jurassic Park [1993] tuvo un costo de producción de U$75 millones; sin embargo, sumas como esas poco importan si las ganancias netas con respecto a la taquilla, ventas de licencias, vídeo domestico y derechos para televisión fueron tan exorbitantes que tan sólo Steven Spielberg, su director, se llevó al bolsillo una tajada de más de U$250 millones.

Jurassic Park se gestó en la mente del padre del tecnotriller Michael Crichton. Antes de deslumbrar al mundo con su novela de dinosaurios resucitados mediante lo último en ingeniería genética, Crichton, precisamente en 1981, escribió un guión original sobre un dinosaurio creado mediante este tipo de ingeniería. El guión permaneció archivado durante casi una década, luego en 1989, impresionado por la dinosauriomanía que invadía a los Estados Unidos, desempolvó el viejo guión y maquinó una forma que hiciera viable que alguien en su sano juicio pagara un costo, que con seguridad sería enorme, para invertir en un proyecto que traería a los dinosaurios a la vida. Pensó, pensó y encontró la solución en una película que había dirigido y estrenado en 1973, WestWorld, sobre unos robots que se volvían locos en un "parque de diversiones", así que retoma el mismo concepto para su nueva novela. Después de numerosas revisiones, Crichton entregó el manuscrito de Parque Jurásico a su editor de siempre, Alfred A. Knopf, en mayo de 1990. En pocos días, el manuscrito ya circulaba por Hollywood y los estudios cinematográficos querían tenerlo a toda costa: Twentieth Century Fox perseguía el proyecto para Joe Dante; Warner Bros, para Tim Burton; Tristar, para Richard Donner. Sin embargo, Crichton más preocupado porque se realizara la versión cinematográfica de su novela que por subastarla al mejor postor, dio instrucciones a su agente Robert Bookman de Creative Artist Associates para que ofrecieran los derechos del film al precio fijo de un millón y medio de dólares. Al final, Universal y Spielberg convencen a Crichton sobre que ellos harán la película sin escatimar en esfuerzos y gastos.

 Los inconvenientes para la realización de Jurassic Park se resumieron en cómo hacer para que los dinosaurios de la novela de Michael Crichton se vieran como dinosaurios reales en la película de Steven Spielberg. Algunas de las técnicas que se iban a utilizar eran las mismas del King Kong inflable de Kongfrontation y del movimiento en avance (una técnica más avanzada que el stop motion); sin embargo, estás fueron reemplazadas por la idea de los efectos generados por computador de Dennis Murner y la cual consistía de los siguientes pasos:
  1. Una cierta cantidad de película se rueda en locación, por ejemplo, un matemático que escapa de la nada.
  2. Un modelo de Tiranosaurio Rex o T-Rex les da a los artistas de computadores de ILM un punto de partida para trabajar.
  3. Con base al modelo, se hace una versión esquelética del dinosaurio en la pantalla del computador.
  4. La imagen del matemático escapando de la nada se alimenta en el computador y, atrás de él, se le añade la versión esquelética de un dinosaurio listo para devorar a alguien.
  5. Se le añade digitalmente las texturas de la piel al esqueleto del dinosaurio y se retoca la iluminación: ¡Y listo!, una imagen de un Tiranosaurio Rex persiguiendo a un asustado matemático.
Además de las imágenes por computador y de unos cuantos extras que se disfrazaron de velocirraptores, también se utilizó dinosaurios robotizados; sin embargo, para Stan Winston, encargado de estos robots, un grave problema consistió en que, por ejemplo, había una sacudida torpe y autómata cuando los robots hacían un movimiento brusco y frenaban imprevistamente. La solución costó cientos de miles de dólares y consistió en, colorarles a los dinosaurios escupidores y a los velocirraptores, un mecanismo similar al que se usa para que las cámaras de vídeo no tiemblen con el movimiento de la mano; sin embargo, esta solución no sirvió completamente para el T-Rex, el más grande de los dinosaurios, así que lo que hicieron fue que nunca se mantuviera quieto en las escenas.

Lo interesante de esta película es que cuando alguien me pregunta acerca del «problema de la ciencia ficción o CF»; es decir, cuál es el criterio para discernir si una película pertenece o no al género de la ciencia ficción, simplemente utilizo como ejemplo a Jurassic Park. Aquel problema, desde mi punto de vista, surgió por dos factores:
  1. El menosprecio al género, puesto que abundaron, antes de 2001 y Star Wars, las mediocres películas con míseros presupuestos; y aunque actualmente se solucionó este problema económico, se heredó, de una manera alarmante, las historias dramáticamente flojas.
  2. La combinación con lo fantástico, puesto que abundan los ciclos y festivales de cine en los cuales, al presentar películas del género de la ciencia ficción y el fantástico a la vez, lo único que logran (además de divertir) es que estos dos géneros se combinen en el subconsciente del espectador y den, como resultado, que alguien se atreva a afirmar que Freddy Krugger es un villano de las películas de ciencia ficción o que la Alicia del País de las Maravillas es una heroína de la ciencia ficción; lo cual, por supuesto, no es cierto.
Es decir, una película de la ciencia ficción debe tener hechos novedosos y científicos en el planteamiento de la historia que, aunque especulativos o exagerados, deben ser creíbles por gran parte de la comunidad científica. Con base en esto, a cualquiera se le puede ocurrir una historia de un grupo de paleontólogos que, en una excavación en una cueva en la fría Antártida, descubren un par de huevos de Tiranosaurio bien conservados y que, con la ayuda de una incubadora muy 'especial', obtienen un dúo dinámico de dinosaurios vivitos y coleando a puertas del próximo milenio. Sin embargo, no a cualquiera se le puede ocurrir una historia en la cual para dar vida a un dinosaurio se deba:
  1. Extraer fragmentos del ADN de insectos prehistóricos, que posiblemente picaron a un dinosaurio, conservados en ámbar.
  2. Aislar el fragmento que le pertenezca al dinosaurio.
  3. Puesto que el ADN se degenera con el tiempo, determinar qué se ha perdido y utilizar genes de algunos primos, como los sapos, para completar la cadena genética.
  4. Implantar toda la información genética en una célula y, colocándola en un huevo falso, esperar.
Es decir, el planteamiento de algunos autores que intentan solucionar este problema, elaborando una lista de los temas típicos que trata la ciencia ficción y así catalogar las películas, es poco alentador: puesto que dos historias pueden tratar de dinosaurios e involucrar algo de ciencia (una en mayor proporción que la otra, por supuesto); pero sólo una pertenece verdaderamente al género de la ciencia ficción. No obstante, un criterio tan rígido como de lo nuevo y lo científico sacaría del género de una patada en el trasero a películas como Star Wars, desafortunadamente. Esta space opera de George Lucas si se le analiza concienzudamente no tiene esa «cosa novedosa y científica» como para catalogarla CF, puesto que es la historia de un rey Arturo que cambio la Excalibur por una espada láser y su corcel por un X-wing; es decir, tiene los elementos arquetipos y desgastados de la mitología: el héroe, la princesa, el anciano sabio, la figura de la sombra. ¿Entonces... qué hacer?

La solución es que el criterio que sacó a Star Wars del género se aplique a lo que se llama «hard scifi o ciencia ficción dura» (obviamente nada del otro mundo); sin embargo, para las que no merecieron ser hard scifi como Star Wars o la de los dinosaurios de la Antártida, la solución sería que se cataloguen, no como «soft scifi o ciencia ficción blanda», sino simple y llanamente como ciencia ficción; es decir, sin importar la calidad narrativa de estas películas ni su calidad científica, el principio sería: "Si parece ciencia ficción es ciencia ficción".





En este blog también publiqué una nota sobre «Los cazadores del arca perdida» de Steven Spielberg, como para que le eches una leída.



Esta publicación tiene imágenes y clips de las siguientes películas:
Close Encounters of the Third Kind, The Blue Brothers, Raiders of the Lost Ark, E.T. The Extra-Terrestrial y Jurassic Park.


Por Diego Darío López Mera
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